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Los cometas (eBook)

Una historia sobre los avances de la ciencia
eBook Download: EPUB
2025
272 Seiten
Fondo de Cultura Económica (Verlag)
978-607-16-8631-2 (ISBN)

Lese- und Medienproben

Los cometas - Marco Arturo Moreno Corral
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Desde que la humanidad existe se ha preguntado sobre su origen y sobre el sentido de su existencia; en numerosas ocasiones ha levantado la vista al cielo para obtener estas respuestas, aunque al hacerlo se ha topado con otras tantas preguntas. Las antiguas civilizaciones, desde la mesopotámica hasta la azteca, pasando por la egipcia y la griega, intentaron descifrar los misterios de la bóveda celeste y los cuerpos que la componen, explicándoselos cada una a su manera. Esta obra analiza los aportes más importantes a través de la historia en la investigación de uno de los fenómenos astronómicos que más asombro y curiosidad ha despertado en la humanidad: los cometas. Moreno Corral expone las numerosas opiniones y debates que éstos han provocado y cómo han pasado de ser un presagio funesto de guerras, hambrunas, muertes o catástrofes a ser un medio por el cual podemos conocer el origen de la vida en la Tierra y la conformación del Universo.

Marco Arturo Moreno Corral es maestro en física por la Facultad de Ciencias de la UNAM y es uno de los pioneros del desarrollo del Observatorio Astronómico Nacional en la sierra de San Pedro Mártir, Baja California. Asimismo, es investigador titular del Instituto de Astronomía de la UNAM. Compiló la Historia de la astronomía en México para el FCE en 2003.

I. Los cometas en la Antigüedad


 
 
 
 
En muy diferentes partes de nuestro planeta se han encontrado vestigios de la presencia de los primeros grupos humanos. Una de esas manifestaciones es el arte rupestre constituido por pinturas y petroglifos que muestran la sensibilidad que aquellos hombres y mujeres habían alcanzado. Sus representaciones de las diversas actividades que realizaban, pintadas o grabadas en profundas cavernas, grandes salientes rocosas y piedras expuestas, son en verdad manifestaciones artísticas de primer orden, pero, además, por no existir todavía en esos tiempos lenguaje escrito, también son documentos que informan sobre sus intereses y preocupaciones. Entre la enorme variedad espacial y temporal de ese arte, se encuentran muchas representaciones de soles, lunas y estrellas, así como posiblemente otros objetos astronómicos brillantes como podrían ser los planetas. Todo ello indica el interés que ya aquellos antiguos seres humanos tuvieron por la observación de los fenómenos celestes, así que no es extraño encontrar entre las pinturas y los petroglifos probables representaciones de cometas, aunque de ellas no es posible derivar la interpretación que pudieron dar sus creadores a estos bellos astros.

Alrededor de 9 000 años atrás, cazadores nómadas se movían en las zonas áridas de la península de Baja California, México, dejando diversos vestigios de su presencia a lo largo y ancho de ese extenso territorio. En efecto, en diferentes sitios de esas tierras, particularmente en lugares montañosos, plasmaron pinturas y grabaron petroglifos, que resultan similares a los existentes en otras regiones del planeta. Aquellos pobladores arcaicos ya habían alcanzado la etapa intelectual del hombre moderno, aunque su bagaje cultural era todavía muy pobre. Esos registros prehistóricos indican gran sensibilidad y muestran capacidad de abstracción igual a la de los artistas contemporáneos.

 

FIGURA I.1. Dibujo sobre piedra de un posible cometa visto en tiempos prehistóricos. Petroglyphs National Monument, Alburquerque, Nuevo México, Estados Unidos. Fotografía: © powerofforever / iStock.

 

Una de las zonas donde hay este tipo de registros prehistóricos es la región de Cataviñá, situada en la delegación El Mármol, perteneciente al municipio de Ensenada, Baja California. Ahí hay dispersas pinturas y petroglifos en diferentes sitios. Para el tema que aquí se trata, llama la atención la cueva de Cataviñá, pequeña caverna a la que hay que entrar agachado, cuyas paredes laterales y superiores fueron profusamente decoradas con figuras geométricas como círculos concéntricos, líneas curvas, cuadrados y puntos, y donde los colores sobresalientes son el rojo y el amarillo. Estos y otros tintes utilizados por aquellos artistas prehistóricos fueron hechos con pigmentos de origen mineral, que mezclaban con sustancias aglutinantes como la baba del nopal u otras plantas de la región como los cactus, que al ser macerados servían de base. Una vez lograda la mezcla, la embarraban con las manos o usando palos y ramas. Así produjeron gran diversidad de pinturas no solamente en esa cueva, pues esas manifestaciones de su forma de ver su entorno también se localizan en otras partes de esa península, incluso las hay monumentales, ya que hay figuras que alcanzan varios metros de altura.

 

FIGURA I.2. Posible representación prehistórica de un cometa en la cueva de Cataviñá, Baja California, México. Fotografía del autor.

 

En la cueva de Cataviñá se distinguen posibles representaciones del Sol, formado por un círculo del que salen rayos, pero también aparece la representación de lo que parece ser un cometa, ya que claramente se distingue lo que sería la coma o cabeza formada por tres círculos concéntricos, de donde arrancan un par de líneas curvas que formarían la cola.

La pintura de Cataviñá es similar a la que aparece en la figura I.1, que fue hecha por los primeros pobladores de Alburquerque, Nuevo México. En ambos casos, el cuerpo de lo que podría ser el cometa se representó con tres círculos concéntricos. Por desgracia, no se tienen más elementos que permitan afirmar que las representaciones prehistóricas que hemos mencionado sean en verdad de cometas, pero su forma es muy sugerente, además de que la presencia de ese tipo de astros en los oscuros cielos que nuestros ancestros veían de forma regular debió llamar poderosamente su atención. Por ello, ante la carencia de cualquier sistema de escritura, un fenómeno excepcional como es la aparición en el firmamento de un brillante cometa debió hacerlos buscar alguna manera de dejar constancia de sucesos como ésos.

La narración escrita más antigua que conoce la humanidad es la Epopeya de Gilgamesh, obra sumeria que habla de las aventuras de ese rey quien gobernó la antigua ciudad de Ur en el siglo XXVII a.C., población que se hallaba localizada en el sur de Mesopotamia. En ese poema épico se hace referencia a los cometas, asociándolos con lluvias de fuego y azufre, así como con inundaciones, lo que muestra que, desde los inicios de la vida urbana, estos cuerpos cósmicos fueron vistos como objetos nefastos, pero también hay elementos que permiten pensar que, desde aquellas remotas fechas, hubo quien trató de racionalizarlos. En efecto, el estudio de los antiguos textos cuneiformes producidos en la región de Mesopotamia y escritos sobre tablillas de arcilla ha proporcionado referencias ocasionales sobre la presencia de cometas, a los que parece que llamaron sallamam. Como ejemplo se mencionará la traducción hecha por arqueólogos de parte de una tablilla de arcilla hallada en antiguas ruinas de esa región, la cual dice “la estrella tiene cabellera y su corona es como luz brillante y tiene una cola detrás de ella como la lúgubre cola de un escorpión. Fue una gran estrella que se extendía del horizonte norte al horizonte sur, que apareció en los días de Nabucodonosor I”. Este relato se sitúa hacia el año 1159 a.C., pues ese rey gobernó por ese tiempo, así que aquí estamos ante un registro histórico de la presencia de un cometa espectacular.

Estudios de datos como éste han sugerido que algunos astrónomos babilonios pensaban que los cometas eran similares a los planetas y que se movían en órbitas fijas, haciendo apariciones periódicas. Esta información se debe al astrónomo griego Apolonio de Mindos, quien vivió hacia el siglo IV antes de nuestra era. Este personaje afirmó que los caldeos consideraban a los cometas en una categoría igual a la de los planetas, con órbitas bien determinadas; sin embargo, también se sabe que Efígenes de Bizancio en el siglo II a.C. sostenía que los pobladores de aquella parte del mundo comprendida entre los ríos Tigris y Éufrates consideraban que los cometas eran una especie de turbulencia que surgía y se torcía en la atmósfera.

Otra cultura muy antigua fue la egipcia, que también observó el firmamento durante milenios y construyó un saber astronómico utilitario, encaminado en lo fundamental a la medición del tiempo, que en realidad no dio mayor importancia a ideas o teorías sobre el Sol o la Luna, ni sobre el movimiento planetario. En ese contexto, los cometas no parecen haber tenido un significado especial entre los egipcios.

Los griegos asimilaron parte importante del saber astronómico surgido entre las culturas antiguas del Oriente Medio, particularmente las provenientes de la región mesopotámica. En la cultura occidental, los escritos más antiguos son del siglo VIII a.C. y corresponden a la Ilíada, atribuida a Homero. Mucho han discutido los especialistas sobre esta obra, incluso desde la Antigüedad. Al margen de las interpretaciones que han hecho, ha surgido un consenso de que en ese texto hay frecuentes referencias astronómicas. Respecto a los cometas, hay al menos tres menciones claras y diferentes. En una de ellas puede leerse: “Mientras que los cometas terribles mirando desde lejos advertían los horrores de la guerra en Tebas”. En otra parte de esa narración épica dice: “En el otro bando, furioso y con indignación, Hades, sin temor y como un cometa que quema, dispara fuego hacia Ofiuco en el cielo ártico y de su cabellera horrible salen la peste y la guerra”. Y finalmente se encuentra la oración “A medida que el cometa rojo de Saturno envía el miedo a las naciones con un presagio terrible, se desliza a través del aire y sacude los destellos de su cabellera en llamas”. Como se desprende de estas citas, los griegos arcaicos consideraron a los cometas como presagios malignos que obedecían los mandatos de sus dioses.

Entre los pensadores griegos de los siglos VII a V a.C., los cometas fueron entendidos como fenómenos meteorológicos que sucedían en la atmósfera terrestre, por lo que los consideraron como meteoros de significación mística. Sin embargo, no todos los vieron de esa manera, pues, por ejemplo, los pitagóricos afirmaban que eran astros errantes como los planetas, que aparecían y desaparecían rápidamente por su cercanía al Sol, tal y como sucede con el planeta Mercurio. Los seguidores de esa escuela filosófica consideraban que las colas de los cometas eran solamente una ilusión óptica, debida a la refracción causada por la humedad atmosférica. Anaxágoras y Demócrito, filósofos griegos que vivieron entre los siglos V y IV a.C., afirmaron que eran errantes,1 pero aglomerados de tal manera que la reunión tan cercana entre varios de ellos...

Erscheint lt. Verlag 21.4.2025
Sprache spanisch
Themenwelt Naturwissenschaften Physik / Astronomie Astronomie / Astrophysik
Schlagworte Astronomía – Historia • Ciencia – Historia • Cometas – Historia • divulgación científica
ISBN-10 607-16-8631-8 / 6071686318
ISBN-13 978-607-16-8631-2 / 9786071686312
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