El arte de mentirse a sí mismo (eBook)
120 Seiten
Herder Editorial (Verlag)
978-84-254-3433-4 (ISBN)
Giorgio Nardone es director del Centro di Terapia Strategica de Arezzo, que fundó junto con Paul Watzlawick. Dirige la Escuela de Especialización en Psicoterapia Breve Estratégica y la Escuela de Comunicación y Problem Solving Estratégico, con sedes en Arezzo, Milán, Madrid y Barcelona. Reconocido internacionalmente como el máximo exponente de los investigadores que impulsaron la evolución de la Escuela de Palo Alto, es autor de numerosos trabajos que se han convertido en una referencia teórica y práctica para estudiosos, psicoterapeutas y managers de todo el mundo
Giorgio Nardone es director del Centro di Terapia Strategica de Arezzo, que fundó junto con Paul Watzlawick. Dirige la Escuela de Especialización en Psicoterapia Breve Estratégica y la Escuela de Comunicación y Problem Solving Estratégico, con sedes en Arezzo, Milán, Madrid y Barcelona. Reconocido internacionalmente como el máximo exponente de los investigadores que impulsaron la evolución de la Escuela de Palo Alto, es autor de numerosos trabajos que se han convertido en una referencia teórica y práctica para estudiosos, psicoterapeutas y managers de todo el mundo
2. Mentirse a sí mismo
La naturalidad del mentirse a sí mismo:
percepciones nunca reales
Para analizar correctamente el fenómeno de mentirse a sí mismo, considero fundamental partir del funcionamiento del organismo humano destacando que nuestros mismos sentidos ya deforman la realidad que percibimos y que, por tanto, no podemos afirmar nunca que conocemos «lo verdadero». Esto significa que, desde el principio, nuestras percepciones falsean la realidad, o nos mienten sobre ella.
En apoyo de este dato basta el ejemplo de un experimento que todos podemos repetir. Tomemos tres cubos de agua: uno con agua fría, otro con agua caliente y el tercero con agua tibia. Sumerjamos al mismo tiempo la mano derecha en el agua fría y la mano izquierda en el agua caliente. Después de unos minutos, sumerjamos ambas manos en el agua tibia, y experimentaremos una sensación por lo menos sorprendente: a la mano derecha el agua le parecerá caliente y a la mano izquierda, fría. Una mano dice lo contrario de la otra, sin embargo, el cerebro es el mismo y el cuerpo también. Lo que produce la diferencia es la experiencia que hemos tenido justo antes.
Este y otros experimentos desarrollados por Ornstein (1986) en la Universidad de Stanford, hace más de cuarenta años, demuestran que nuestras percepciones están constantemente influidas por factores internos y externos a nuestro organismo. Por otro lado, la psicología nace como disciplina científica en el siglo XIX propiamente en virtud de los estudios realizados sobre las percepciones ilusorias, o sea, los experimentos que ilustran cómo figuras construidas de un modo ambiguo son diversamente percibidas por sujetos distintos o por el mismo sujeto en diferentes momentos de su vida.
La distorsión perceptiva no se refiere solo a la visión o al tacto, sino también al oído y al olfato, y puede verificarse en el transcurso de los más complejos procesos en forma de secuencia, de modo que se puede afirmar, con las palabras de Paul Watzlawick (1984), que «cada uno de nosotros continuamente inventa la propia realidad percibida».
Un ejemplo sorprendente es la visión del color: en la naturaleza no hay colores, solo diferentes longitudes de onda. Es nuestra percepción visual transmitida por las estructuras neurobiológicas la que construye literalmente la visión del color. Del mismo modo, nuestro aparato auditivo solo es capaz de percibir una gama estrecha de sonidos, excluyendo todo el resto. La percepción, además, está influida de un modo relevante por nuestros estados de ánimo: una persona deprimida que asiste a la proyección de una película encontrará significados mucho más tristes que los que identifica, en la misma película, alguien que está experimentando una intensa historia de amor; de un modo parecido, para una persona miedosa cualquier ruido representa un peligro real, mientras que para la persona tranquila este mismo ruido solo es un inofensivo fastidio.
Los ejemplos podrían continuar al infinito, pero lo que me urge destacar es que nuestra mente nos miente continuamente. Quizá el fenómeno más sorprendente en este sentido sea el denominado «síndrome del miembro fantasma», un trastorno neuropsicológico que afecta a personas que han perdido una extremidad, induciéndolas a sentir dolor y otras sensaciones como si el miembro no hubiera sido amputado. Es curioso también el prometedor tratamiento desarrollado por el neurocientífico Ramachandran de la Universidad de San Diego. Mediante el uso de un espejo, el estudioso somete a sus pacientes a ejercicios diseñados para crear la ilusión de un miembro que se mueve sin dolor. En muchos casos, esto basta para curar la percepción del miembro fantasma.
Según Ramachandran (1998), este fenómeno se debe a que la mente reorganiza la percepción de la extremidad que falta, que ha permanecido activa a causa de un cambio vivido como demasiado traumático.
Este y otros muchos experimentos más recientes demuestran que incluso nuestro cerebro, en virtud de su plasticidad, puede cambiar sus mapas internos y mostrarnos representaciones mentales distintas de la misma cosa.
Creo que, a la luz de estos conocimientos, hasta el más rígido defensor de la verdad a toda costa debe acabar creyendo en la evidencia de que mentirse a sí mismo no solo es inevitable, sino incluso natural, en el sentido psicobiológico del término.
Emociones siempre contrapuestas
Si nuestras modalidades perceptivas construyen literalmente lo que experimentamos, su efecto sobre la activación de nuestras reacciones internas no puede ser sino poco fiable, a la luz del criterio lógico verdadero/falso. Nuestras emociones son el resultado de contrastes perceptivos y su activación se amplifica ante los cambios. Si todo se mantiene estable e invariable, a nuestro alrededor o dentro de nosotros, no se activa ninguna emoción.
Las sensaciones transmitidas por los cambios perceptivos producen, de acuerdo con el estado del sujeto, emociones diferentes. No hay secuencias lineales que desencadenen reacciones emotivas, porque está constantemente activo un sistema de retroalimentaciones circulares entre el estado del organismo y la percepción del cambio activado, por lo que el resultado final de la activación de una emoción específica es producto de una compleja interacción entre múltiples factores en juego. Puedo sentir dolor o placer mediante una fantasía mía; al mismo tiempo, puedo evocar el miedo o desencadenar una reacción de ira, sin ningún estímulo externo; y puedo también, en virtud de una estimulación externa, tener reacciones muy distintas de acuerdo con el estado en que me encuentre. Si estoy inquieto, sentiré cualquier estímulo como alarmante, pero si me encuentro sereno nada podrá perturbarme.
De nuevo, el funcionamiento de nuestro organismo hace que nuestras reacciones emotivas sean transportadas por algo que no se corresponde con la verdad, sino que es resultado de la influencia recíproca entre lo que se siente y aquel que siente, con sus características funcionales propias. Un mismo vaso está medio vacío o medio lleno, en función del estado en que se encuentra el sujeto que opina sobre ello.
A este respecto, piense el lector en el curioso fenómeno de la amnesia retrógrada, o sea, cómo nuestra mente borra experiencias que desencadenan emociones insoportables. Este tipo de reacción se presenta cada vez que un sujeto experimenta un incidente traumático: a menudo, para reconstruir este recuerdo y hacer que lo acaecido sea emocionalmente soportable se requiere mucho tiempo. En otras palabras: solo es verdadero lo que puedo soportar.
La ilusión del control cognitivo
Los conocimientos, o sea, la actividad mental que se refiere a los procesos cognitivos y a las dinámicas propias del pensamiento, constituyen un aspecto central en la relación entre mentirse a sí mismo y el funcionamiento del organismo humano como sistema vivo que interactúa constantemente con la realidad. En los últimos años este aspecto de la psicología humana se ha convertido en el objeto de una investigación cada vez más frecuente, hasta el punto de que ahora —permítaseme un poco de ironía— el adjetivo «cognitivo» se añade como si fuera una etiqueta de calidad en la investigación (neurociencias cognitivas, antropología cognitiva, pragmática cognitiva, etc.). También esto, como veremos, podría definirse como una forma de autoengaño.
Sin embargo, está claro, a la luz de la distinción de Agustín de Hipona, que si, para el hecho de mentirse a sí mismo —resultado de percepciones ambiguas y engañosas o de emociones contrapuestas e imprecisas—, podemos invocar la ausencia de culpabilidad porque se trata de un acto no voluntario, las más de las veces ni siquiera consciente, las cosas cambian en lo que concierne al pensamiento, a los razonamientos, a las decisiones, los recuerdos, la adquisición de informaciones, las estrategias de acción, o sea, cuando nos referimos al ámbito cognitivo. En este caso, efectivamente, los actos conscientes y voluntarios, así como la intencionalidad orientada a un objetivo, adquieren mucha más relevancia, y solo para una pequeña parte de ellos vale el atenuante de la inconsciencia.
En el ámbito cognitivo, el primer aspecto del mentirse a sí mismo atañe a la memoria, que, como dice uno de los pioneros de la neurociencia, Gazzaniga (1998), «la mayoría de las veces nos cuenta una sarta de mentiras sobre nuestro pasado».
Esta afirmación sorprendente, que suprime de raíz la idea de que el pensamiento es la guía más fiable para el ser humano, se apoya en un buen número de investigaciones que muestran que la reconstrucción de nuestras vivencias y nuestras experiencias a través de la memoria resulta distorsionada o construida por una serie de factores: el estado emocional del sujeto, sus creencias y sus dinámicas relacionales (Loftus, 1993; Loftus, 2002; Mecacci, 2001).
El que la memoria haya demostrado ser muy poco fiable no ha minado la confianza que se le atribuye como...
| Erscheint lt. Verlag | 30.3.2016 |
|---|---|
| Verlagsort | Barcelona |
| Sprache | spanisch |
| Themenwelt | Geisteswissenschaften ► Psychologie ► Allgemeines / Lexika |
| Medizin / Pharmazie ► Medizinische Fachgebiete ► Psychiatrie / Psychotherapie | |
| Schlagworte | enfoque estratégico • Psicología • psicoterapia • terapia breve |
| ISBN-10 | 84-254-3433-5 / 8425434335 |
| ISBN-13 | 978-84-254-3433-4 / 9788425434334 |
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