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Monstruos conectados (eBook)

eBook Download: EPUB
2022 | 1. Auflage
440 Seiten
Nocturna (Verlag)
978-84-18440-69-4 (ISBN)

Lese- und Medienproben

Monstruos conectados -  Diana F. Dévora
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TERCERA PARTE DE LA SERIE 'MONSTRUO BUSCA MONSTRUO' Una nueva misión en un crucero de lujo entrelaza los caminos de Summer y Rayo Negro... y del Domine, que se presenta con una perturbadora advertencia: puede que Kimantics no esté tan acabado como creían. Pronto, la aparente tranquilidad del viaje se va a pique y la travesía se convierte en un descenso hacia sus peores pesadillas. Su única oportunidad de salir indemnes dependerá de una alianza con el principal causante de sus problemas. Pero ¿hasta qué punto tiene sentido confiar en un viejo enemigo para acabar con una amenaza aún mayor? Y, sobre todo, ¿es posible conectar con un monstruo sin arriesgarse a naufragar por el camino?

Diana F. Dévora es autora de cómics con influencia manga y una de las integrantes de Studio Kôsen. Desde 1998 ha publicado internacionalmente varias obras, entre las que destaca Saihôshi, el Guardián. En sus títulos cultiva una amplia galería de géneros con diversas temáticas, como la magia en Lêttera; el terror con ángeles y demonios en Daemonium; las aventuras en Windrose, Saihoshi o Stallion; y los superhéroes en la miniserie Gata de Madrid. Monstruo busca monstruo no es su primera novela publicada, pero sí es la primera vez que se atreve con una serie y, a la vez, es su proyecto más querido y personal.

Diana F. Dévora es autora de cómics con influencia manga y una de las integrantes de Studio Kôsen. Desde 1998 ha publicado internacionalmente varias obras, entre las que destaca Saihôshi, el Guardián. En sus títulos cultiva una amplia galería de géneros con diversas temáticas, como la magia en Lêttera; el terror con ángeles y demonios en Daemonium; las aventuras en Windrose, Saihoshi o Stallion; y los superhéroes en la miniserie Gata de Madrid. Monstruo busca monstruo no es su primera novela publicada, pero sí es la primera vez que se atreve con una serie y, a la vez, es su proyecto más querido y personal.

01

Aquí, sufriendo

Rayo Negro contempló por última vez su reflejo en el cristal de la ventana. Su aspecto era impoluto. Se retocó un poco, alisándose la parte delantera de la chaqueta azul oscuro, que era de un tejido fino y ceñido. Desde que había tirado a la basura sus trajes por ser de una marca que le traía malos recuerdos, le había costado encontrar sustitutos que le sentaran igual de bien. Por suerte, con aquel había acertado.

Había mucha expectación sobre él aquella noche. No podía permitirse ningún error.

—Señor Lynet, ya está todo listo —le avisó uno de los tipos de la agencia de comunicación que habían contratado para organizar el evento.

Asintió y, antes de marchar, se permitió contemplar un momento la espléndida panorámica de la ciudad. Miles de luces refulgían ante sus ojos. Desde aquella altura, doscientos metros por encima del resto de edificios de Adrax, casi parecía estar viéndola desde un avión. Nada le hacía sombra a aquella torre: la verdadera protagonista de aquella velada.

Estaban a punto de inaugurar lo que iba a ser el nuevo símbolo de la Adrax Comm: un edificio que acariciaba el cielo y que había sido su más ambicioso proyecto desde que entró en la empresa.

Y por fin estaba terminado.

Los periodistas ya habían tomado posiciones cerca del escenario en el que tenía que dar el discurso de presentación. Maldijo a quien tuvo la idea de invitarlos. Él habría preferido un acto privado solo para clientes importantes, inversores y altos cargos de la compañía. Pero al final aquello se había convertido en un circo. Toda la prensa de la ciudad y parte de la internacional estaban allí. Medios generalistas, publicaciones especialistas en tecnología y hasta su favorita, la prensa rosa. Sin olvidar que también se había invitado a las voces más influyentes de las redes sociales. Todo por el bien de promocionar la buena imagen de la empresa.

De camino, tuvo que pararse a estrecharle la mano a varias personas, a las que luego tendría que atender. Solo de pensarlo, le daban ganas de salir corriendo, cambiar el traje de vestir por el de combate y aceptar cualquiera de los trabajos de mercenario que tenía pendientes. Pero no podía. De manera que hizo de tripas corazón y procuró sonreír a todo aquel con el que se cruzaba hasta llegar al escenario.

El señor de la agencia le hizo una señal para que subiera los tres escalones que le dejarían expuesto ante el público de la sala. Por si a alguien le había pasado desapercibido el tipo de dos metros subido al escenario, la suave música que sonaba en ese momento se cortó, y las miradas de todos los presentes se concentraron en él al tiempo que los periodistas disparaban sus cámaras sin piedad.

Odiaba eso.

Rayo carraspeó y se acercó al fino atril transparente que había en el centro. Como imaginaba, no estaba preparado para su altura y tuvo que ajustar el micro y agacharse un poco para llegar a él.

Eso también lo odiaba.

Igual que odiaba haber sido nombrado portavoz de la empresa por ser —en palabras textuales de algunos de sus socios— «tan famoso que no necesitaba presentación».

—Queridos amigos y amigas, en nombre de la Adrax Comm, les doy las gracias por haber venido esta noche en la que abrimos las puertas de nuestra nueva sede —dijo, comenzando a leer el discurso cuyas letras iban apareciendo en la pantalla de cristal que tenía enfrente—. Es un honor darles la bienvenida a la Torre Jacob.

El público lo celebró con aplausos y Rayo esperó a que cesasen antes de continuar:

—En los últimos años, Adrax Comm ha conseguido convertirse en el adalid de la nueva era de las telecomunicaciones. Esta torre representa eso, pero aún queda mucho por hacer. Y seguiremos avanzando hasta lograr que Adrax sea un ejemplo de progreso para el resto del mundo. —Tras otra pausa provocada por más aplausos, Rayo añadió—: No puedo terminar sin dar las gracias a todas las personas que han trabajado duro para hacer realidad este proyecto. También quiero agradecerles a nuestros jóvenes inversores que se hayan rascado el bolsillo para que esto se tenga en pie —bromeó, y señaló a un grupo de veinteañeros que había en primera fila, que sonrieron y alzaron sus copas de champán—. Y, por último y en especial, a la persona que lo vislumbró. Como ya sabéis, su delicada salud no le permite estar aquí celebrándolo con nosotros, pero me ha pedido que os diga que se siente muy emocionado y honrado de que esta torre lleve su nombre… Por supuesto, os hablo de mi abuelo, Jacob Lynet.

Los asistentes volvieron a aplaudir, esta vez con más entusiasmo, presentían que el discurso llegaba a su fin y podrían volver a sus propios asuntos. Rayo también lo notaba y no quiso alargar más la agonía, ni la suya ni la de ellos.

—De nuevo, gracias a todos. Por favor, disfrutad de la velada.

Bajó del escenario acompañado de los últimos aplausos. Nada más poner un pie en el suelo, Jameson, otro de los directivos de la compañía, le asaltó.

—No ha estado mal, Axel. Al menos no te has dormido en medio del discurso —le dijo con tono jocoso.

Rayo ya estaba más que acostumbrado a sus burlas. A Jameson le gustaba bromear, tanto que lo hacía incluso de sí mismo. Ser el único miembro de la dirección de raza negra, de origen latino y homosexual le daba una especie de carta blanca para burlarse de cualquier tema por sensible que fuera. Sin embargo, aquel hombre era de los pocos apoyos que tenía en la empresa, a veces hasta podía considerarle un aliado.

—Por favor, no me lo recuerdes otra vez —le pidió Rayo, temiendo lo que vendría a continuación.

—Pero si fue un momentazo —comentó Jameson, y se rio—. La cara que se le quedó a ese directivo japonés cuando te sobaste en la videoconferencia. Cuando preguntó no sé qué y tú ahí, rooork. —Trató de imitar el sonido de un ronquido.

—Eran las tantas de la madrugada —se defendió, pero el hombre seguía riéndose sin parar.

—Bastante le importó al japo, y eso que ellos se quedan dormidos hasta de pie. —Jameson le dio unas palmadas en la espalda y dijo—: En fin, no te tortures. Ese trato estaba condenado. Todo lo contrario a esto. Menudo éxito.

—No es mérito mío. —Meneó la cabeza—. El diseño y toda la idea son de mi abuelo.

—Sí, pero tú has sabido venderlo —le recordó Jameson y, de repente, miró hacia un lado—. Por cierto, ahí vienen los de El pueblo de los malditos.

Rayo miró de reojo y vio que se refería a los seis jóvenes que conformaban el grupo de inversores que había financiado la construcción de la torre. Quitando que los seis compartían algunas semejanzas en el estilo de vestir y el corte de pelo, no llegaba a entender la referencia a la película de los niños asesinos.

—¿Por qué los llamas así?

—No sé, chico, parecen algo sectarios.

No tuvieron tiempo de seguir hablando porque los inversores llegaron hasta ellos.

—Axel, nuestra más sincera enhorabuena —le dijo el que parecía más lanzado del grupo.

—Gracias una vez más por formar parte de esto —les correspondió Rayo mientras les estrechaba la mano uno a uno.

—A ti por ofrecernos unas condiciones de inversión imposibles de rechazar —intervino otro de los jóvenes.

—Sí, la verdad es que estábamos pensando en invertir en una startup —comentó un tercero y, señalando al que había hablado primero, añadió—: Pero Carl nos convenció de que esto era más seguro.

—Vaya, sí que estáis unidos —comentó Jameson, y le dio un disimulado codazo a Rayo.

—Somos amigos desde hace mucho —contestó el joven, mirando al resto.

—Nos conocemos desde el colegio —alegó el tal Carl—. Estudiamos todos aquí, en el Nueva Esperanza.

Rayo se sorprendió al oír de nuevo ese nombre. Inevitablemente, se vio abordado por los recuerdos que le traía aquel lugar. Los días, pocos pero intensos, que había vivido entre sus muros junto a aquellos a los que había considerado sus rivales hasta entonces. Y, sobre todo, a la mente le vinieron los momentos que había pasado en compañía de Summer.

Bloqueó aquellos pensamientos. Se había prometido a sí mismo dejar de pensar en ella. Aunque eso significase enterrarse en montañas de trabajo que le mantuvieran bajo un estrés insoportable hasta caer agotado en la cama.

Lo que fuera con tal de ignorar lo mucho que la añoraba y que su solo recuerdo bastaba para reabrir una herida que parecía no curarse nunca.

Procuró distraerse con otra cosa y, sin salirse del tema del colegio, pensó en la casualidad de que Jameson hubiera llamado sectarios a esos jóvenes. ¿Sabrían ellos algo del tema de las fiestas secretas del Nueva Esperanza?

Por la edad, era poco probable. Debían de estar en la universidad cuando la presidenta de la junta y el jefe de seguridad comenzaron sus sórdidos planes para chantajear a los alumnos.

—Aunque no hemos nacido aquí, hemos crecido en Adrax y estamos orgullosos de contribuir a que sea una ciudad mejor —decía uno de los inversores en ese instante.

—Y si os hacéis más ricos en el proceso, mejor que mejor —dijo Jameson, y les guiñó un ojo.

Los jóvenes se rieron por cortesía. Y tras intercambiar algún que...

Erscheint lt. Verlag 25.11.2022
Reihe/Serie Monstruo busca monstruo
Verlagsort Madrid
Sprache spanisch
Themenwelt Kinder- / Jugendbuch Spielen / Lernen Abenteuer / Spielgeschichten
Schlagworte acción • Ciencia ficción • mercenarios • Novela • superhéroes • superpoderes • villanos
ISBN-10 84-18440-69-4 / 8418440694
ISBN-13 978-84-18440-69-4 / 9788418440694
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