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La ciudad de las sombras (eBook)

El comienzo de una apasionante trilogía juvenil ambientada en los años 20 con tintes de INDIANA JONES y ANIMALES FANTÁSTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS
eBook Download: EPUB
2022 | 3. Auflage
472 Seiten
Nocturna (Verlag)
978-84-17834-74-6 (ISBN)

Lese- und Medienproben

La ciudad de las sombras -  Victoria Álvarez
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En 1923, Helena Lennox tiene diecisiete años y un único deseo: sustituir las calles de Londres por una vida de aventuras y excavaciones en tierras lejanas. En consecuencia, cuando sus padres se marchan a la India para investigar la desaparición de unos arqueólogos, ella decide acompañarlos... unos días después y a escondidas. Son muchas las leyendas que circulan en torno a la ciudad fantasma de Bhangarh, pero Helena nunca ha creído en las supersticiones. No obstante, el príncipe Arshad de Jaipur (sí, ese que odia a los ingleses) le insiste en que se equivoca: Bhangarh está maldita y al anochecer, cuando el palacio real se tiñe de oscuridad, todo el que se adentra en sus muros desaparece sin dejar ni rastro. En su recorrido por la exótica India de los años veinte, Helena se ve envuelta en una investigación en la que sólo una verdad parece salir constantemente a la luz: nadie regresa de la ciudad de las sombras. Cita de reseña crítica: «Un viaje a la India más exótica y peligrosa de la mano de unos personajes a los que es inevitable amar... incluso cuando te rompen el corazón». Selene M. Pascual, autora de Ladrones de libertad. «Helena Lennox nos embarca en una aventura por la India con una ambientación fascinante. ¿Cómo resistirse a viajar entre sus páginas?». Andrea Izquierdo, autora de Otoño en Londres. «Imposible no enamorarte de estos personajes y de esta historia». Concepción Perea, autora de La corte de los espejos.

Victoria Álvarez (Salamanca, 1985) es historiadora del arte, trabaja como profesora en la Universidad de Salamanca y está especializada en literatura del siglo XIX. Tras la publicación de sus primeras novelas -Hojas de dedalera (Versátil, 2011) y Las Eternas (Versátil, 2012)-, en 2014 inició la trilogía Dreaming Spires con Tu nombre después de la lluvia (Lumen), que continuó en Contra la fuerza del viento (Lumen, 2015) y El sabor de tus heridas (Lumen, 2016). Su nueva novela, La ciudad de las sombras (Nocturna, 2017), supone el comienzo de la trilogía Helena Lennox, cuya primera entrega se ambienta en la India de los años veinte.

Victoria Álvarez (Salamanca, 1985) es historiadora del arte, trabaja como profesora en la Universidad de Salamanca y está especializada en literatura del siglo XIX. Tras la publicación de sus primeras novelas -Hojas de dedalera (Versátil, 2011) y Las Eternas (Versátil, 2012)-, en 2014 inició la trilogía Dreaming Spires con Tu nombre después de la lluvia (Lumen), que continuó en Contra la fuerza del viento (Lumen, 2015) y El sabor de tus heridas (Lumen, 2016). Su nueva novela, La ciudad de las sombras (Nocturna, 2017), supone el comienzo de la trilogía Helena Lennox, cuya primera entrega se ambienta en la India de los años veinte.

PRÓLOGO

Cuando uno de los editores de Brown & Wilkes me llamó para avisarme de que la biógrafa pasaría unos días en El Cairo, mi primer impulso fue correr a los establos para fugarme a algún oasis remoto antes de que diera conmigo. Era una de las tardes más agobiantes de aquel octubre de 1985 que parecía resistirse a decir adiós al verano, y los ventiladores colocados sobre los muebles de mimbre, pese a haber escogido la casa por ser una de las más frescas de la ribera oriental, no conseguían mantener a raya el calor.

—Sinceramente, Brown, no entiendo a qué viene tanto interés —protesté mientras me pasaba una mano por la húmeda frente—. Si esa mujer se hubiera molestado en pisar un archivo, habría encontrado cientos de fotografías mejores que las que me está pidiendo.

—Ruth sólo quiere que se implique un poco más, Helena —me contestó Brown en un tono que pretendía sonar conciliador—. Estoy seguro de que no le dará problemas. Sólo tendrá que acogerla unos días, hasta que haya resuelto todas sus dudas, y cuando sepa…

—¿Todas sus dudas? —no pude evitar exclamar—. ¡Llevo desde enero colgada de este maldito teléfono para ayudarla a rellenar las lagunas que le faltan! ¡Si hubiera sabido la cantidad de problemas que da una biografía, habría preferido que el mundo me olvidara!

La respuesta de Brown fue echarse a reír de buena gana, y eso me hizo comprender que estaba perdida. «Lo único que le interesa es que el dichoso libro salga a la luz en la fecha prevista —pensé mientras colgaba de mal humor y me quedaba observando, con los brazos cruzados, el trasiego de los turistas que regresaban de las pirámides—. Lástima que sea demasiado tarde para echarme atrás. Esa Ruth parece inasequible al desaliento».

De modo que cuando quise darme cuenta la tenía metida en casa: una joven de unos treinta años (a mis casi ochenta, me parecía una cría), con mucho pelo cardado y unos ojos llenos de rímel que le daban un aspecto más alucinado que dramático. Reconozco que me sorprendió comprobar, cuando nos sentamos por primera vez en la veranda de la salita que daba al Nilo, hasta qué punto se estaba tomando en serio la investigación. En los últimos meses había recopilado, subrayado y anotado cientos de artículos acerca de las excavaciones que había llevado a cabo desde que era una adolescente; había devorado estudios arqueológicos en los que me dedicaban capítulos de los que nunca había oído hablar, tenía cuatro cintas VHS repletas de reportajes de televisión y, para mi horror, se había entrevistado incluso con mi prima Chloë, quien le dio material de sobra para crear la que Ruth esperaba que fuera «la única biografía que descubra a la mujer tras el mito».

—Me temo que estás confundiéndote —recuerdo que repliqué tras servirme una taza de café negro preparado por Laila, mi asistente—. Los arqueólogos consagramos nuestras vidas a desentrañar mitos. Habría que ser realmente estúpido para dejarse convertir en uno.

—No trate de enredarme con sus tretas —repuso ella, en absoluto intimidada por mi brusquedad—. Llevo tanto tiempo persiguiendo su sombra que podría decir que la conozco casi tan bien como a mí misma. No he venido a mendigar respuestas, lo que quiero es…

—Pruebas que te ayuden a separar la mentira de la verdad. Supongo que en eso no nos diferenciamos demasiado. —Con un suspiro resignado, dejé la taza en la mesita y me puse en pie para dirigirme hacia la alacena de madera taraceada del rincón—. Me parece que por aquí tengo algunas cosas que pueden servirte, aunque todas relacionadas con mis investigaciones. Olvídate de los álbumes familiares; no vas a meter las narices en ellos.

—Por eso no se preocupe: su prima fue de lo más generosa cuando la visité —replicó la condenada muchacha con una sonrisa—. Esa fotografía suya en un columpio a los seis años es adorable.

«Chloë, vas a acordarte de esto». De mala gana, saqué una caja de lata colocada en el cajón inferior y la llevé conmigo a la mesita, sobre la que caían algunos haces de sol que las palmeras no conseguían interceptar. Abrí la tapa para ir extrayendo una pila tras otra de recortes de periódicos, algunos tan antiguos que el papel crujía entre mis dedos.

—Tendrás que practicar un poco de arqueología si quieres poner algo de orden en este caos. Pero, como pareces conocerme tan bien, sabrás cuáles suelen ser mis métodos…

—¿Es la avioneta con la que participó en la Segunda Guerra Mundial? —quiso saber Ruth, mirando uno de los recortes—. Caray, me la imaginaba más…, menos cochambrosa.

—Ten un poco más de respeto por las antigüedades, mocosa —rezongué—. ¡Por si lo has olvidado, con este trasto cochambroso les pateé el trasero a Hitler y sus chicos!

—Descuide, pienso escribir un capítulo entero sobre ese episodio, aunque no tenga que ver con la arqueología. —Ruth fue examinando las fotografías hasta que dio con otro recorte, perteneciente a un amarillento ejemplar de la Pall Mall Gazette, que le llamó la atención. Supe de inmediato de cuál se trataba, aunque estuviera observándolo del revés: en él aparecía un grupo de cinco personas posando en el elegante salón de una mansión de Oxfordshire, a ambos lados de un sarcófago ocupado por una momia colocada de pie.

—Eso es de septiembre de 1923 —expliqué tras darle un sorbo a mi café—. Tenía diecisiete años y medio y acababa de volver con mis padres de Egipto, donde habíamos pasado cuatro años realizando una excavación arqueológica patrocinada por mi tío, lord Oliver Silverstone.

—Sí, también tengo notas sobre eso. Me imagino que esta era la momia de Ptahmai, el sacerdote al que desenterraron. —Ruth señaló con un dedo el cadáver colocado en el sarcófago—. Ah, y esa de ahí es su prima. ¡Habría podido reconocerla en cualquier parte!

No pude evitar sonreír ante el rostro risueño y regordete de Chloë, que por aquel entonces era una flapper de dieciocho años con la cabeza tan llena de rizos rubios como de pájaros.

—Realmente encantadora, una anciana adorable que no hacía más que reírse de las ocurrencias de sus nietos. —La joven me miró de reojo—. Otras deberían aprender de ella.

—Me gusta ser una cascarrabias —repuse—. Me encanta poder decirle a la gente lo que pienso y que nadie se atreva a replicarme. Estaba deseando hacerme vieja sólo por eso.

Sacudiendo la cabeza, Ruth regresó al estudio de la fotografía. Me di cuenta de que estaba observando a tío Oliver, que posaba con una mano sobre el hombro de Chloë.

—Tengo casi todos sus libros —dijo, señalándolo también a él—. Es buenísimo, uno de mis autores preferidos. No era su tío aunque lo considerara como tal, ¿verdad?

—Bueno, mi padre y él se querían como hermanos, así que nunca me importó que no existieran auténticos lazos de sangre entre nuestras familias. Eran amigos desde la juventud y la Primera Guerra Mundial los unió aún más. Mi padre, de hecho, estuvo a punto de perder la vida por salvar la de tío Oliver durante el derrumbe de una trinchera.

—Por eso su tío solía usar un bastón —comentó Ruth. Hizo algunas anotaciones en un cuaderno por el que yo había acabado sintiendo más desconfianza que por una serpiente y, tras darse unos golpecitos en el labio con el lapicero, cogió el recorte para mirarlo más de cerca—. A estos dos los conozco de sobra; podría llenar un museo con fotografías suyas.

De pie a la izquierda del sarcófago, mis padres dirigían a la cámara dos sonrisas idénticas que aún en ese momento, más de sesenta años después, me hicieron sonreír también a mí, porque recordaba el secreto que escondían. Mi padre llevaba un esmoquin que le sentaba curiosamente bien, aunque su abundante pelo oscuro, siempre revuelto, estropeaba un poco el efecto. Mi madre, en cambio, parecía estar tan a sus anchas como siempre; ninguna mujer podría haber lucido mejor un vestido de Worth tan espectacular como aquel, más apropiado para el estreno de una ópera que para un acontecimien-to académico como el que nos ocupaba esa tarde. Los delicados encajes acentuaban el tono moreno de su tez, sobre la que resaltaban siete lunares tan oscuros como sus ojos y su pelo, recogido en un elaborado moño. Y a su izquierda, medio oculta por una cortina…

—Ah, aquí tenemos al alma de la fiesta —se burló Ruth mientras yo fruncía el ceño por encima de mi taza de café—. Con esa cara podría haber asustado incluso a la momia.

—Siempre he sido la dulzura personificada —le aseguré, aunque la verdad era que estaba en lo cierto: la malencarada Helena de diecisiete años, atrapada en un vestido de seda que su madre le había obligado a ponerse, parecía a punto de morder al fotógrafo—. En cualquier caso, esa sesión estaba demostrando ser un auténtico suplicio…

—Pues espero que después pudiera disfrutar de un merecido descanso. Sus padres y usted se lo habían ganado a pulso tras haber pasado tanto tiempo excavando a pleno sol.

Abrí la boca para contestarle, pero no llegué a hacerlo. Como si alguien acabara de destapar un perfume que hacía años que no olía o me hubiera dado a probar algo que había sido mi comida preferida de la infancia, el recorte de la Pall Mall Gazette abrió de repente las compuertas de unos recuerdos en los...

Erscheint lt. Verlag 21.11.2022
Reihe/Serie Helena Lennox
Illustrationen Lehanan Aida
Verlagsort Madrid
Sprache spanisch
Themenwelt Kinder- / Jugendbuch Spielen / Lernen Abenteuer / Spielgeschichten
Schlagworte 1920 • años 20 • ciudades malditas • India • Misterio • Romance • sobrenatural
ISBN-10 84-17834-74-5 / 8417834745
ISBN-13 978-84-17834-74-6 / 9788417834746
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