Barracuda en el fin del mundo (eBook)
240 Seiten
Ediciones SM (Verlag)
978-84-675-8724-1 (ISBN)
Nació en Albacete en 1963. Comenzó a estudiar la carrera de Psicología en la Universidad de Granada aunque finalmente optó por estudiar tres años del ciclo de interpretación en el Teatro Escuela Municipal de Albacete. Comienza su andadura profesional por varias compañías teatrales, como el grupo alemán Johannes Vardar con espectáculos de calle o el Teatro Fénix, con el que gana el Certamen Nacional de Teatro Clásico y Contemporáneo de Grupos Jóvenes gracias a la obra Homo Sapiens. Empieza a crear sus primeros textos como monitora de teatro para niños y adultos junto a compañías como Teatro de Malta, Teatro Capitano, Armar Teatro o Diábolo Compañía de Partes con la que monta Don Quijote de la Mancha, un espectáculo con dos actores y 120 marionetas sobre la obra de Cervantes. Finalmente monta su propia compañía: la Compañía Falsaria de Indias, en la que escribe sus propios textos teatrales tanto infantiles -El viaje increíble de Juanito, Los sueños de Valentina o SoloLeo- como para adultos -María Sangrienta, Por el ojo de la cerradura o Cientovolando-, así como adaptaciones de textos clásicos. Además de ganar diversos premios y participar en ferias y festivales de teatro, la autora ha ejercido de dramaturga para otras compañías con textos como El Patio, que fue puesto en cartel por Lulo Producciones en la sala CULTIVARTE de Buenos Aires (Argentina), en una producción dirigida por Verónica Edye.
Nació en Albacete en 1963. Comenzó a estudiar la carrera de Psicología en la Universidad de Granada aunque finalmente optó por estudiar tres años del ciclo de interpretación en el Teatro Escuela Municipal de Albacete. Comienza su andadura profesional por varias compañías teatrales, como el grupo alemán Johannes Vardar con espectáculos de calle o el Teatro Fénix, con el que gana el Certamen Nacional de Teatro Clásico y Contemporáneo de Grupos Jóvenes gracias a la obra Homo Sapiens. Empieza a crear sus primeros textos como monitora de teatro para niños y adultos junto a compañías como Teatro de Malta, Teatro Capitano, Armar Teatro o Diábolo Compañía de Partes con la que monta Don Quijote de la Mancha, un espectáculo con dos actores y 120 marionetas sobre la obra de Cervantes. Finalmente monta su propia compañía: la Compañía Falsaria de Indias, en la que escribe sus propios textos teatrales tanto infantiles -El viaje increíble de Juanito, Los sueños de Valentina o SoloLeo- como para adultos -María Sangrienta, Por el ojo de la cerradura o Cientovolando-, así como adaptaciones de textos clásicos. Además de ganar diversos premios y participar en ferias y festivales de teatro, la autora ha ejercido de dramaturga para otras compañías con textos como El Patio, que fue puesto en cartel por Lulo Producciones en la sala CULTIVARTE de Buenos Aires (Argentina), en una producción dirigida por Verónica Edye.
● 2
DECÍA SER DE ABISINIA, allá en África, y era un tipo corpulento de unos treinta años, con la cara requemada por el sol y una barba negrísima y descuidada. Todo el mundo en Tortuga sabía quién era: un buscavidas que no llegaba a pirata, y que ninguna tripulación quería por mentiroso y traicionero; o al menos, eso decían de él. Yo lo conocí al poco de empezar en la herrería.
Bueno, no debería decir que le conocí, porque lo que pasó más bien fue que se me pegó al cogote como un moscardón a una boñiga de vaca, y no podía quitármelo de encima.
Creo que la primera vez que reparé en él fue en la taberna, un día que entré para comprarme algo de comer. Tuve que pagar con un doblón porque no tenía moneda más pequeña. Cuando esto pasaba, yo decía que mi maestro (nunca contaba que era el herrero, pues seguro que le conocían) me daba dinero para comer y que debía llevarle el cambio. Tampoco compraba siempre en el mismo sitio, para que no sospecharan. Ya me había cruzado con él alguna que otra vez, pero ese día el Africano me miraba como si tuviera que montarme por piezas: con demasiado interés...
Después de esto, empezó a saludarme cuando nos cruzábamos por la ciudad. Primero con la mano; luego, que si «¿Qué hay?», que si «¡Buen día, chaval!». Y de repente, casi no podía dar un paso sin topármelo de morros. Siempre sonriendo, siempre amable... Pero me miraba como de lado, no sé si me explico; no de frente. Hay veces en que hay que ser muy cuidadoso, cuando ves que lo que te dicen con la boca y lo que te dicen con los ojos no parece lo mismo. Yo lo supe enseguida: Farid el Africano no era de fiar.
Las primeras veces pensé que era casualidad. Pero cuando iba por agua, allí estaba, apoyado en la fuente. Mientras barría la herrería, allí estaba, al otro lado de la calle. Me sentaba en la plaza a comer algo que había comprado en la taberna, y allí estaba, bajo una palmera. Siempre pegado a mis pies como mi sombra, como la cola al perro, como el picor a los piojos.
Pero ¿qué narices quería ese tipo de mí? Yo intentaba evitarle cambiando de camino, pero doblaba una esquina y, ¡míralo!, apoyado en la pared con cara de «yo pasaba por aquí»...
Y ya me preocupé del todo un día que, al volver del horno con el pan, me lo encontré hablando con el herrero. En cuanto me vio por el rabillo del ojo, salió a toda prisa de la herrería y se perdió calle abajo.
–¿Qué quería ese tipo, maestro?
(Sí, me hacía llamarle «maestro». Él nunca me dijo su nombre).
–¿El árabe? –dijo él sin prestarme atención–. Nada... Nada importante.
–¿Quería encargarnos algo? –intenté sonsacarle–. Últimamente el trabajo flojea, maestro...
–¡Qué va! ¡Ese no tiene un escudo! Creo que quería tu puesto, chaval.
–¿Mi... mi puesto? –contesté yo, muy sorprendido.
–Pues eso parece –me dijo el herrero con la misma cara de satisfacción que un perro que hubiera encontrado un hueso–. Quería saber cuánto te pago.
–¿Y usted qué le dijo? –le pregunté, tratando de aparentar que me importaba un pito.
–¡Pues qué le voy a decir! ¡La verdad! Que te doy comida y te enseño un oficio. ¡Más sería estropearte! Muchacho, ¡qué suerte tienes de haber dado conmigo! Si sigues a mi lado unos años más, acabarás siendo un maestro herrero como yo. ¡Entonces sí que harás dinero! ¡Hasta puede que tengas tu propio negocio!
Yo no le contesté, pero miré los muebles viejos, el polvo, la mugre y el jergón remendado en una esquina y me dije: «Pues si esto es hacer dinero, prefiero la vida de pobre». Pero esto no era lo importante; lo importante era que, con seguridad, Farid había empezado a preguntarse de dónde sacaba yo lo que me veía gastar por ahí.
Mal asunto...
Primero pensé: «¿Qué haría mi amigo John en un caso como este?». Pero eso no me sirvió, porque dudo mucho que Farid se hubiera atrevido a seguirle a él por las calles como un novio celoso, aunque sospechase que llevaba encima todo el oro del Perú. La Ballena, del primer mamporro, le habría sacado de Tortuga sin pasaje de vuelta. Luego empecé a considerar qué habría hecho Barracuda, quien, aunque era valiente y tenía la espada fácil, era más estratega. Sus planes de asalto eran tan hábiles que muchas veces no era preciso ni desenfundar las armas para conseguir el botín o desarmar a un batallón de ingleses. Luego ya, si la cosa se complicaba, sacaba el acero y entonces empezaba lo bueno. En fin, con mi tamaño era obvio que tendría que ser la estrategia...
El caso es que una mañana, muy temprano, me llevé un susto de muerte cuando, al abrir los ojos, le vi sentado a mi lado. ¿Cómo narices había dado con mi media casa? Mi primer impulso fue mirar al lugar donde tenía enterrado mi dinero, junto al muro (¿acaso me había visto sacarlo alguna vez sin que yo me diera cuenta?), pero me contuve. No había que dar pistas: ese Farid era listo como un ratón de campo.
–¡Vaya! –me dijo con una sonrisa torcida, mientras jugaba a dibujar algo con un palo en la tierra del suelo–. Así que es aquí donde vives.
–Vivir, vivir... –le contesté mientras me restregaba los ojos despacito y pensaba deprisa–. Duermo en esta casa, pero me paso el día en la herrería. ¿Qué...? Quiero decir, ¿adónde va tan temprano?
–A ningún sitio, en realidad –respondió mientras miraba alrededor como si buscase algo–. No te lo vas a creer: ¡pasaba por aquí!...
No, no me lo creí.
–... y me dije: «¡Pero si es mi amigo el pelirrojo!» –prosiguió Farid–. ¡Quién lo habría imaginado!
«¡Maldito Farid! ¿Qué buscas, ave de mal agüero?», pensé. Sin embargo, le dije desperezándome:
–Bueno... Ya tengo que irme a la herrería. El maestro se enfada mucho si llego tarde.
Me puse de pie, me estiré la ropa y me quité el pelo de los ojos. Ese día me iba a tocar comer «nada», y de postre, «ninguno», porque no podía sacar dinero de mi escondite con aquel buitre revoloteando a mi alrededor.
–Vaya, vaya... –dijo él pasándome un brazo sobre los hombros–. No queremos que ocurra eso, ¿verdad? Vamos, te acompaño, muchacho... Pero dime tu nombre para que no tenga que llamarte «chaval» o «pelirrojo». Yo me llamo Farid, pero creo que eso ya lo sabes.
–Chispas –respondí, y comencé a andar para alejarle de allí cuanto antes.
–¿Chispas? –preguntó con una sonrisa, sin quitar la mano de mi hombro–. No; me refiero a tu nombre de verdad.
–Pues no tengo otro –repliqué apurando el paso–. Pero verá, señor... Tengo que irme, de verdad. Hoy hay mucho trabajo, y si me retraso...
–¡Nada de «señor», muchacho! –dijo parándose y poniendo cara de ofendido–. ¡Llámame de tú! ¡Aquí, en Tortuga, no hay señores! Seremos amigos, ¿qué te parece? No es bueno que un jovenzuelo ande solo por estas callejas; hay mucho indeseable que podría meterte en problemas.
–¿A mí...? –respondí, intentando que no se me notara el nudo que se me había puesto en la garganta–. ¡No sé por qué! –y seguí andando.
–¡Por maldad, hijo, por maldad! –Farid caminaba a mi lado como una serpiente, casi sin hacer ruido–. Será mejor que yo te acompañe. Algún indeseable podría intentar... No sé... Robarte...
–¿Robarme? –procuré que la sorpresa pareciera convincente–. ¡No sé el qué! Mira mi ropa, y ya has visto dónde vivo. El herrero no me paga. ¡No tengo un real!
Me miró fijamente y en silencio tanto rato que casi se me secan los dientes por intentar mantener la sonrisa.
–Vaya, muchacho... –dijo despacio, y yo me asusté–. Alguien debería enseñarte que no está bien engañar a los amigos. Te he visto cambiar al menos tres doblones. ¡Tres doblones! Eso es mucho. Y seguro que tienes más. No es conveniente que un niño maneje tanto dinero, tú lo sabes. Y sabes también que aquí, en Tortuga, no existe la propiedad privada. Deberías compartirlo conmigo. Yo lo guardaré para evitar problemas.
–Nosotros no somos amigos –contesté con firmeza, intentando parecer tranquilo–. Además, cualquiera sabe que la ley de la propiedad solo se refiere a casas o a tierras; no al dinero, que, por otra parte, yo no tengo. Y si lo tuviera, tú serías la última persona a la que se lo daría. Mi capitán dice que no hay que poner al zorro a cuidar las gallinas.
–¿Tu capitán?...
–Sí –respondí sosteniéndole la mirada–: Barracuda. Pertenezco a su tripulación. Y créeme: ¡si no me dejas en paz, te vas a arrepentir de haber nacido!
–¿Barracuda, dices...? –repuso el Africano mirándome de arriba abajo con una muy extraña sonrisa–. ¿Barracuda... el capitán del Cruz del Sur?
–¡Ese mismo! ¡Está a punto de llegar a Tortuga, y no querrás estar aquí cuando atraque en el puerto!
Entonces Farid...
| Erscheint lt. Verlag | 17.2.2016 |
|---|---|
| Reihe/Serie | El Barco de Vapor Naranja |
| Illustrationen | Marta Altés García |
| Verlagsort | Boadilla del Monte |
| Sprache | spanisch |
| Themenwelt | Kinder- / Jugendbuch ► Spielen / Lernen ► Abenteuer / Spielgeschichten |
| Schlagworte | Amistad • Autonomía e iniciativa personal (Competencia) • China • Feminismo • lectura • Libros de viajes • Literatura de aventuras • Literatura de humor • literatura infantil • piratas • Superación de dificultades |
| ISBN-10 | 84-675-8724-5 / 8467587245 |
| ISBN-13 | 978-84-675-8724-1 / 9788467587241 |
| Informationen gemäß Produktsicherheitsverordnung (GPSR) | |
| Haben Sie eine Frage zum Produkt? |
Kopierschutz: Adobe-DRM
Adobe-DRM ist ein Kopierschutz, der das eBook vor Mißbrauch schützen soll. Dabei wird das eBook bereits beim Download auf Ihre persönliche Adobe-ID autorisiert. Lesen können Sie das eBook dann nur auf den Geräten, welche ebenfalls auf Ihre Adobe-ID registriert sind.
Details zum Adobe-DRM
Dateiformat: EPUB (Electronic Publication)
EPUB ist ein offener Standard für eBooks und eignet sich besonders zur Darstellung von Belletristik und Sachbüchern. Der Fließtext wird dynamisch an die Display- und Schriftgröße angepasst. Auch für mobile Lesegeräte ist EPUB daher gut geeignet.
Systemvoraussetzungen:
PC/Mac: Mit einem PC oder Mac können Sie dieses eBook lesen. Sie benötigen eine
eReader: Dieses eBook kann mit (fast) allen eBook-Readern gelesen werden. Mit dem amazon-Kindle ist es aber nicht kompatibel.
Smartphone/Tablet: Egal ob Apple oder Android, dieses eBook können Sie lesen. Sie benötigen eine
Geräteliste und zusätzliche Hinweise
Buying eBooks from abroad
For tax law reasons we can sell eBooks just within Germany and Switzerland. Regrettably we cannot fulfill eBook-orders from other countries.
aus dem Bereich