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Últimas noticias de sapiens (eBook)

Revolución en nuestros orígenes
eBook Download: EPUB
2021 | 1. Auflage
104 Seiten
Siglo XXI Editores México (Verlag)
978-607-03-1125-3 (ISBN)

Lese- und Medienproben

Últimas noticias de sapiens -  Silvana Condemi,  Franc?ois Savatier
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Homo sapiens es decididamente una especie extraña. Se pensaba que apareció en un lugar de África hace 200000 años, pero, sorpresa, se detecta su presencia mucho antes y por todo el continente. Se creía que salió de su cuna hace 80000 años, hasta que se descubrieron en China fósiles mucho más antiguos. Peor aún -o mejor aún, según se quiera-la genética ha mostrado que ¡hasta hace poco compartimos este planenta con otras especies humanas que después desaparecieron y con las cuales nos enrazamos! Esto habla de la urgencia de hacer un recuento de nuestros ancestros y de escuchar las últimas novedades de Sapiens. De los austrolopitecos al neolítico los autores nos cuentan la fascinante saga de un extraño primate transformado para siempre por la evolución y por nuestro bien preciado: la cultura.

Silvana Condemi es paleoantropo?loga, directora de investigacio?n en el cnrs (Universidad de Aix-Marsella). Franc?ois Savatier es periodista en la revista Pour la Science, donde cubre, sobre todo, las ciencias del pasado. Su libro anterior, Ne?andertal, mon fre?re, ha sido traducido a varias lenguas y recibio? el Grand Prix du Livre d'Ar- che?ologie 2017.

Silvana Condemi es paleoantropóloga, directora de investigación en el cnrs (Universidad de Aix-Marsella). François Savatier es periodista en la revista Pour la Science, donde cubre, sobre todo, las ciencias del pasado. Su libro anterior, Néandertal, mon frère, ha sido traducido a varias lenguas y recibió el Grand Prix du Livre d'Ar- chéologie 2017.

1. UN BÍPEDO DESCENDIENTE DE UN SIMIO

El mecanismo que empujó a antiguos primates a la forma humana es la explotación cada vez más intensa de todos los recursos del suelo. No solamente orientó a nuestros ancestros hacia un bipedismo cada vez más eficaz y frecuente, sino que también activó un círculo amplificador: más bipedismo implicó más éxito en la recolección en el suelo, lo cual reforzó el bipedismo y así sucesivamente. Sin embargo, eso no basta para explicar nuestra bipedismo permanente.

Fue en 1748 cuando por primera vez los humanos se convirtieron en animales. ¡Para ellos mismos, cuando menos! En su libro Systema naturae [El sistema de la naturaleza] el botánico Carl von Linné (1707-1778) nos coloca en un grupo de especies animales emparentadas –un género– que él llama Homo y nos califica de sapiens, es decir, de “sabios”… Homo sapiens, al que llamaremos familiarmente Sapiens, es hoy la única forma humana.

Como mamífero –es decir, en tanto que animal lactante de sangre caliente–, Sapiens forma parte del orden de los primates, esos simios que tienen cinco dedos, con los ojos al frente y cuyo tronco es vertical cuando están sentados. No sabemos a cuándo se remontan los primates, pero se sabe que ya existían durante el Eoceno, esa era geológica que se extiende de 56 millones a 33.9 millones de años (Ma1) antes del presente. ¿De dónde salieron? Eso tampoco lo sabemos, pero hace 70 millones de años, cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, Purgatorius, un animal pequeño del tamaño de un ratón, habría sido un protoprimate. De cualquier manera, una vez que los dinosaurios desaparecieron, los mamíferos modernos, entre ellos los primates, pudieron multiplicarse.

Hoy la mayoría de los primates son tropicales y están adaptados a la vida arborícola, lo cual sugiere que los ancestros muy lejanos de los humanos –los simios hominoideos– vivían entre los trópicos en el seno de bosques en los que los árboles eran altos y los frutos abundantes. Ahora bien, la mayoría de los simios hominoideos actuales viven en África, lo que apunta a un origen africano del género humano.

Fig. 1. Árbol de parentesco de la familia de los homínidos

No obstante, es sobre todo el número de fósiles africanos de antiguos homínidos lo que sugiere el origen africano de Homo. Hoy la familia de los homínidos comprende los humanos, los bonobos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes (grandes simios indonesios); a ellos se agregan los homínidos fósiles, principalmente los ardipitecos y los australopitecos, entre los cuales se cuentan nuestros ancestros prehumanos (véase la figura 1). Vemos que podemos resumir la familia de homínidos a todos los grandes simios de forma humana y capaces de bipedismo en cierta medida.

¿Qué reveló el estudio de los (fragmentos de) esqueletos de las formas hominideas fósiles? Pues bien, dos cosas fascinantes: por una parte, que la evolución de los homínidos siempre ha sido compacta, es decir, que varias especies semejantes han coexistido casi constantemente en el curso de los últimos siete millones de años; por otra parte, que en el curso de este mismo periodo los homínidos pasaron por una serie de grandes estadios evolutivos, es decir, de periodos durante los cuales coexistieron varias formas semejantes que poseían más o menos las mismas estructuras corporales y modos de vida.

El primero de estos grandes estadios evolutivos es el del inicio de un bipedismo no permanente de formas de las que sin duda habrá oído hablar el lector, como Tumai (7 Ma) y Orrorin (6-5.7 Ma), después los ardipitecos (hacia 5 Ma). De la primera, muy antigua, no tenemos más que un fragmento de fémur y un cráneo deformado por una larga estancia en los sedimentos depositados no lejos de un lago muy antiguo, el lago Chad. Para su inventor, el paleontólogo Michel Brunet, del Collège de France, la posición bastante central, en comparación de los cuadrúpedos, de su foramen occipital –el agujero subcraneal, por el que pasa el bulbo raquídeo, que continúa por la médula espinal– sugiere fuertemente que la adaptación al bipedismo ya estaba en curso entre los homínidos (figura 2); por ello, Michel Brunet ve en Tumai una forma que es parte del linaje humano, aunque todavía cercano a nuestro ancestro común con los chimpancés.

Descubierto por los paleontólogos Brigitte Senut y Martin Pickford, del Museo Nacional de Historia Natural, Orrorin, por su parte, está representado por una docena de fragmentos fósiles, correspondientes a cuatro individuos encontrados en tres sitios en Kenia. En este homínido es el fémur el que sugiere una forma de bipedismo, mientras que el pulgar indica una adaptación a la vida en los árboles. En cuanto a las formas de ardipitecos que salieron a la luz en Etiopía –Ardipithecus kadabba (5.2-5.8 Ma) y su probable sucesor Ardipithecus ramidus (4.4 Ma)–, tenemos más elementos bien conservados (figura 3).

Fig. 2. Comparación del orificio occipital, de la forma de la pelvis y de la posición de hallux (dedo gordo) en Sapiens y en el chimpancé.

Aparentemente las formas que llegaron a ese estadio evolutivo eran capaces de un bipedismo solamente oportunista: sus pies estaban, en efecto, bien adaptados para caminar, pero poseían todavía un pulgar oponible, como la mano o el pie del chimpancé. Si bien este “pulgar pedestre” limitaba necesariamente la eficacia de la marcha de estos ardipitecos, sin duda les conservaba la posibilidad de escalar un árbol muy rápido, cosa que corrobora el hecho de que sus manos poseyeran todavía los largos dedos curvados de los simios trepadores. Una especie de ardipiteco evolucionó en seguida para dar las formas de los australopitecos, sin duda a partir de hace 4.5 Ma.

Fig. 3. Principales sitios con australopitecos gráciles y con australopitecos robustos (Paranthropus) en África.

TRAS LOS PASOS DE LOS AUSTRALOPITECOS

De hecho, la segunda gran fase evolutiva es la de los primeros verdaderos bípedos, que son los australopitecos. Si su nombre de género –Australopithecus, es decir, “simio del sur”– se refiere a su primer descubrimiento en África del Sur, también se encontraron australopitecos a todo lo largo del Gran Valle del Rift en África oriental. Por increíble que parezca, el testimonio más antiguo que tenemos de los australopitecos no consiste en un fósil sino en unas huellas de pasos preservadas: las de los tres Australopithecus afarensis, la especie de la famosa Lucy. Hace más o menos 3.8 millones de años, en efecto, en Laetoli, en lo que habría de convertirse en Kenia, el volcán Sadiman había cubierto el suelo de una capa de cenizas de una quincena de centímetros de espesor, que pisaron tres australopitecos que caminaban juntos en la misma dirección.

Estas huellas son emocionantes por lo parecidas que son a las que habrían dejado unos humanos (figura 4). Así, el primer dedo del pie –el hallux– no es oponible pero está junto a los otros cuatro dedos, a los que es paralelo, como en Sapiens. De manera que, aun cuando el arco plantar no sea muy marcado, el pie de australopiteco es semejante al nuestro. Sin embargo, se nota en estos individuos, ligeros en comparación con un humano, que el punto de apoyo se encontraba hacia el talón, lo que implica que los australopitecos no practicaban todavía la extensión característica de la marcha humana: dedos al suelo, tensión en el arco plantar, talón al suelo…

También sus manos se parecen a las nuestras, con excepción de la primera falange del pulgar, que no permite todos los movimientos de una mano humana y de que las falanges son curvas, cosa que facilitaba la formación de un gancho con la mano. Estos rasgos se encuentran también en otros australopitecos, sobre todo en los provenientes de África del Sur: Australopithecus africanus (3-2.6 Ma) y Australopithecus sediba (2 Ma); aunque en estos últimos los miembros posteriores bastante largos anuncian una talla corporal importante, que será una de las características cruciales de los fósiles emparentados al género Homo.

Fig. 4. Las huellas de pasos de australopitecos en Laetoli.

Así, aun si los australopitecos tenían pies y manos comparables a los nuestros, no parecen haber sido los únicos bípedos. Para algunos paleontólogos habrían sido comparables a los bonobos, lo que significa que habrían tenido una intensa vida social, a menudo en el suelo para explorar mejor el territorio, pero habrían permanecido supeditados a ambientes boscosos. Seguramente se habrían encontrado particularmente seguros en lo alto. ¿Se construían nidos para dormir en los árboles, al igual que los chimpancés? Pensando en esta costumbre de los chimpancés, y después de haber reexaminado los huesos de Lucy, ¡los autores de un estudio de 2016 propusieron que Lucy murió al caer de un árbol!

¿Qué es los que desencadenó la evolución hacia el bipedismo en el seno de ciertas poblaciones de homínidos? ¿Se trata de un remplazo parcial del bosque por la sabana, al este de África, consecuencia de un cambio de clima, como sugiere Yves Coppens, del Collège de France, en su teoría llamada East side story? No sabemos la respuesta a esta pregunta.

EL HOMO, EL BÍPEDO INTEGRAL

El tercer gran estadio evolutivo –del que todavía no hemos salido– es el de el bipedismo integral. Mucho más complejo de lo que parece en el plano biomecánico, este modo de locomoción es absolutamente único entre los vertebrados terrestres. De hecho define al género Homo distinguiéndonos de todos los demás homínidos. ¿Cómo apareció? Para...

Erscheint lt. Verlag 24.3.2021
Verlagsort Mexico City
Sprache spanisch
Themenwelt Sachbuch/Ratgeber Geschichte / Politik Vor- und Frühgeschichte / Antike
Geisteswissenschaften Geschichte
Schlagworte Antropología • Darwin • evolución • Historia • historia de la humanidad • historia del humano • Homo sapiens • sapiens • teoria de darwin
ISBN-10 607-03-1125-6 / 6070311256
ISBN-13 978-607-03-1125-3 / 9786070311253
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