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La darwinización del mundo (eBook)

eBook Download: EPUB
2016 | 1. Auflage
543 Seiten
Herder Editorial (Verlag)
978-84-254-3847-9 (ISBN)

Lese- und Medienproben

La darwinización del mundo -  Carlos Castrodeza
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Con el darwinismo, la biología atañe a todos los aspectos culturales posibles, desde la filosofía, la estética, la ética, la política y la religión hasta una ciencia pura como es la física. Y es que el darwinismo biologiza la realidad en todas sus dimensiones posibles. Éste es un ensayo que trata sobre el impacto de la teoría de la evolución de Darwin en el pensamiento filosófico actual confrontado con autores como Heidegger, Dienstag, Sloterdijk o Rorty, entre otros. Para el autor, el principio de selección natural impera en un mundo en el que se constata la injusticia, el sufrimiento y la explotación de los unos sobre los otros. Sin embargo, éste es un principio más metafísico que físico, algo no tan sorprendente si se considera que dicho principio responde a una cosmovisión naturalista. Esta obra ha sido publicada con una subvención de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, para su prestamo público en Bibliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.

Carlos Castrodeza Ruíz de la Cuesta (Tánger, 1945 - Madrid, 2012) biólogo y filósofo. Fue profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Complutense de Madrid. Reconocida autoridad sobre Darwin y el darwinismo, desarrolló investigaciones en genética de la evolución en diversos centros europeos, como los institutos de genética de Edimburgo y Helsinki, y en filosofía de la biología en la Universidad de Leeds. Publicó numerosas obras, entre las que destacan: Ortodoxia darwiniana y progreso biológico, Teoría histórica de la selección natural, Razón biológica, La marsopa de Heidegger, Los límites de la historia natural, Nihilismo y supervivencia, La darwinización del mundo y La razón de ser.

Carlos Castrodeza Ruíz de la Cuesta (Tánger, 1945 - Madrid, 2012) biólogo y filósofo. Fue profesor de Filosofía de la Ciencia en la Universidad Complutense de Madrid. Reconocida autoridad sobre Darwin y el darwinismo, desarrolló investigaciones en genética de la evolución en diversos centros europeos, como los institutos de genética de Edimburgo y Helsinki, y en filosofía de la biología en la Universidad de Leeds. Publicó numerosas obras, entre las que destacan: Ortodoxia darwiniana y progreso biológico, Teoría histórica de la selección natural, Razón biológica, La marsopa de Heidegger, Los límites de la historia natural, Nihilismo y supervivencia, La darwinización del mundo y La razón de ser.

Introducción


Desde la perspectiva de la historia natural, el comportamiento del hombre, como el de cualquier organismo, se ajusta a una serie de condicionantes estructurales que mantienen su existencia consolidada a corto plazo, y siempre de un modo precario. En efecto, esa consolidación se rompe a menudo, incluso en los llamados fósiles vivientes, a lo largo de una evolución que lleva durando unos 3.500 millones de años. La existencia orgánica se ha potenciado o bien individualmente, a nivel celular o infracelular, o bien poblacionalmente a un nivel íntimo, por la formación de individuos multicelulares propiamente dichos, o bien a un nivel más amplio en el que tales individuos se constituyen en poblaciones más o menos integradas.

Los organismos, en su deambular evolucionario, adquieren todo tipo de estrategias de supervivencia, tanto a la contra del medio físico estrictamente considerado como a expensas de sus congéneres, filogenéticamente tanto más próximos como más distanciados. Estas estrategias, especialmente en relación a las interacciones entre los seres vivos, desembocan en un parasitismo generalizado que a menudo se plasma en una relación mutualista (interdependiente), en la cual, a partir de una especie de guerra negentrópica de todos contra todos y contra todo, surgen vencedores circunstanciales en todos los frentes. Éstos son los supervivientes de turno.

Casi sin querer, se ve que en la lógica de esta dinámica neo-animista, más que evidente en apariencia, subyace la teoría de Darwin de la selección natural. Darwin inició sus especulaciones porque en algún momento de su vida se enfrentó de soslayo al problema de cómo las variedades de una especie podían dar lugar a otras especies. Esas especulaciones le condujeron gradualmente a una contemplación naturalista (anti-providencialista) de la tesitura biológica. Sobre todo en el sentido animista de que el sufrimiento y la violencia, que él percibía por doquier en la naturaleza, además de entre los suyos, le alejaban cada vez más de esa teología natural de su entorno más próximo, que implicaba creer que el mundo que habitamos es el mejor de los mundos posibles por designio divino. Ese designio se le acabó antojando algo burlesco y siniestro, de modo que el afán naturalizador del ínclito inglés se fue acentuando cada vez más, aunque siempre discurriera sin estridencias dialécticas ni ánimo pendenciero alguno.

Pero la radicalidad sorda de Darwin no era ni mucho menos compartida por sus coetáneos, y la teoría de la selección natural tuvo no sólo una gestación difícil (Darwin sentía, sobre todo al principio de sus especulaciones, una desazón confusa respecto de su heterodoxia) sino también una aceptación todavía más ardua por parte de su entorno inmediato (el británico) y otros algo más ajenos (el francés y el germano) por no hablar del amplio resto. Aun así, si bien pausadamente, y con claros altibajos, el sentido común emocional darwiniano se fue imponiendo, especialmente en el Occidente angloparlante, hasta convertirse en la ortodoxia actualmente vigente en las ciencias biológicas, donde, argüiblemente, lo emocional sigue primando sobre lo analítico.

Sin embargo, Darwin, podría decirse que casi sin querer, abrió la caja de Pandora de lo que supuestamente viene a ser el sentido de la existencia propiamente humana, y las consecuencias todavía están en periodo de maduración. Por ejemplo, Michael Ruse, uno de los pioneros en la instauración de la filosofía de la biología como disciplina académica, publicó en 1986 un libro que tituló Tomándonos a Darwin en serio, y nueve años más tarde el conocido filósofo de la ciencia y ultradarwinista Daniel Dennett publicó La peligrosa idea de Darwin. El objetivo en ambos casos, seleccionados entre otros muchos, era demostrar que realmente no queremos darnos del todo cuenta de las implicaciones que conlleva la idea central darwiniana, porque llevar el darwinismo hasta sus últimas consecuencias, si bien es intelectivamente liberador, al mismo tiempo supone un cambio más que radical en lo que respecta a la toma de posición del ser humano en el llamado orden natural.

A la vista del casi evidente desconcierto ideológico que caracteriza la historia del hombre, en su versión occidental y en cualquier otra, tanto Ruse como Dennett se quedan cortos en su consideración de que tomarse en serio el darwinisno significaría un vuelco total en la interpretación del mundo. Porque tanto Ruse como Dennett, amén de muchos otros, forman parte de esa hermenéutica naturalista, es decir, son jueces y parte. Estos autores ven el mundo darwinizado pero, intencionadamente o no, ellos, basándose en Darwin, son precisamente los que darwinizan el mundo. No son conscientemente portavoces de nadie en concreto, y sí divulgadores de sus propias inquietudes existenciales. Y es que la realidad por sí sola no dice nada enjundioso, y significa todavía menos en cuanto a la bondad del fenómeno humano. Somos sus protagonistas conscientes los que la miramos con unos ojos o con otros. En este juego de fraguar verdades ganan los que convencen circunstancialmente a los que llevan el control, y éstos son los que poseen el mundo por momentos, siempre sólo por momentos.

En esta obra se quiere seguir utilizando la propia retórica en esta empresa que lleva a cabo la darwinización del mundo. Y dicha retórica se viene aplicando desde una zona científicamente periférica como es la hispánica, tratando de convocar ciertos fantasmas bioantropológicos que los darwinizadores de raza eluden. Y es que la darwinización del mundo nos atañe a todos, y todos tenemos derecho a interpretar lo que se nos está viniendo encima desde que Darwin proclamara, aunque no de manera totalmente explícita, que no hay nada ni nadie que goce de privilegios epistémico-éticos en un proceso que sigue inexorablemente su curso posiblemente para bien. Aquí no toca contrarrestar el optimismo de Darwin y sus congéneres (Herbert Spencer, A. R.Wallace, George Romanes, Lloyd Morgan) por medio de un pesimismo a contrapelo. Se trata más bien de entender a todo pensador, y especialmente a Darwin, estando simultáneamente a favor y en contra de él, pues éste, y todos, desde su momento y para siempre, han tratado de dilucidar una fórmula de supervivencia supuestamente para el bien general, empezando por el propio.

Esta empresa, indirectamente compartida por tantos autores de entornos culturales más o menos afines, llevada a cabo desde el lugar periférico indicado, más bien desde la barrera, se inició hace más de cuatro lustros con sendas obras (Ortodoxia darwiniana y progreso biológico/Teoría histórica de la selección natural), en las que se trataba, por un lado, de contrastar cómo desde la biología actual quedaba deformada la idea de progreso que todo humano contempla espontáneamente de un modo u otro y, por otro lado, se estudiaba lo más historiográficamente posible la biografía total del naturalista que aquí se destaca y cómo incide ésta en su obra (o sea, la influencia de su tiempo, de su entorno circundante y de su propia biografía), lo que es fundamental para muchos ultranaturalistas a la hora de hacerse con esa forma de entender nuestro devenir. En otra obra posterior, Razón biológica: La base evolucionista del pensamiento, se trató de vernos en el espejo en que se miraría cualquier organismo para tratar de cotejar, si la hubiere, cualquier diferencia esencial interorgánica reflejada en ese espejo universal. Todavía en otra obra posterior, Nihilismo y supervivencia: una expresión naturalista de lo inefable, se pretendió analizar supuestas diferencias, a la sazón, a favor de los humanos, de forma que no resultáramos tan favorecidos, al menos a modo de correctivo realista. Finalmente, hasta la fecha, queda dar un paso más y escudriñar en lo posible las reglas de ese juego interpretativo al que tantos jugamos, querámoslo o no, y en el cual nos jugamos tanto.

Según el darwinólogo Robert J. Richards, la historiografía darwiniana ha pasado, a grandes trazos, por cinco etapas.1 La primera, que marcaría el primer centenario del nacimiento de Darwin, constituiría una especie de epitafio a las ideas del famoso naturalista inglés. En esta estapa, al mismo tiempo que se reconoce la importancia de su legado, se estima que su época ya ha concluido. Ese homenaje estaría singularmente tipificado por la obra sobre la selección natural propiamente dicha del alemán August Weismann (considerado ultradarwinista en su momento), las nuevas ideas hereditario-evolucionistas del holandés Hugo de Vries y las consideraciones antropológicas del también alemán Ernst Haeckel, así como las ideas sobre la evolución de la mente del inglés Conwy Lloyd Morgan. Una segunda época estaría caracterizada por ese icono historiográfico que constituye la Historia de la biología (1920-1924) del finlandés, que no finés, Eric Nordenskiöld. En esta segunda etapa, se concede un interés meramente histórico a la cultura darwiniana. La tercera época estaría marcada por una resurrección del darwinismo bajo la forma de la llamada teoría sintética de la evolución (síntesis de mendelismo y darwinismo), y también por las consideraciones históricas que haría muchos años después uno de los protagonistas de esa resurrección, el ornitólogo americano de origen alemán Ernst Mayr, en su Desarrollo del pensamiento biológico (1982). La cuarta época, tipificada por el primer centenario de la publicación de El origen de las especies, y ya con la darwinización del mundo disparada, estaría caracterizada por la más que bienvenida intromisión intensa de filósofos e historiadores profesionales en el análisis del fenómeno darwiniano; y seguramente el símbolo de estos...

Erscheint lt. Verlag 30.3.2016
Verlagsort Barcelona
Sprache spanisch
Themenwelt Sachbuch/Ratgeber Natur / Technik Naturwissenschaft
Geisteswissenschaften
Sozialwissenschaften
Schlagworte Antropología • evolución • Orígenes
ISBN-10 84-254-3847-0 / 8425438470
ISBN-13 978-84-254-3847-9 / 9788425438479
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